Bienvenidos a Bordo

Ante el vacío nosotros tomamos los riesgos, padecemos implacable el placer para sufrir o reír, con suerte ambas. Somos quienes pretenden el peligro domar y la belleza emancipar del devenir. Aquí estamos, somos los amantes y hacemos el amor posible.

Sobre no poder dormir.


Entonces estamos así, insomnes. La cama al poco rato acalora y con un gesto agresivo sacamos las piernas, miramos el techo y nos llevamos el antebrazo a la frente. Incluso se suspira con aliento a frustración.

El no poder dormir va más allá de un estado de alerta, es un estado del alma, pues la quietud irresistiblemente tensa privilegia la meditación corrompida por los sentimientos y esas preocupaciones que con la actividad no tienen tanto valor. Las cosas pequeñas proyectan sombras enormes en el lienzo de la mente; opacan la visión de lo establecido y generan nuevos juicios, la distorsión de lo que damos por hecho comienza. Apenas acomodaste algo, un otro llegó para sustituirlo o volverlo irrelevante.

Si no piensas mucho el momento se te vuelve preocupante; de pronto estás a solas con esa persona que todo el día has evitado, tú mismo. Entonces te hablas y te haces a la idea de que hay dos personas, pero eres tú, sediento de explicaciones y te miras con ojos de curiosidad, miedo. Y de qué hablarás? Qué es lo que puedes decirte y entender? Lo lógico es que esa persona te intente explicar el alboroto emocional de la mañana, de la frustración y de la velocidad con la que estás llevando tu vida a la quiebra. Mejor aún, te comienza a brindar el postulado de esos pequeños grandes defectos que bien conoces y recluyes en la sombras que proyectas, donde no sean evidentes, de ese YO que eres tú y vive en la mente de otras personas. Te das cuenta que ahora hay tres tú. Mucho dilema, hace calor y entonces el esfuerzo por pensar en lo de mañana, fragmentos de conversaciones vienen a tu mente, sonríes por algo que pasó ayer en la cocina, sexo... sí, piensas en sexo, qué pasaría si le dijeras a esa persona... aún venderán goma de mascar sabor cola? Pero sólo haces tiempo, en aquel rincón permanecen el YO que vive en tu cabeza y el YO que vive en la cabeza de los demás. Evades y al final te hundes.

Ahora estás bocaabajo o frente al computador, haciendo técnicamente nada. Hacer nada implica mucho esfuerzo y un cosquilleo nada grato de ingratitud, la providencia te ha castigado, Dios quizás o esos dos tipos en tu cabeza, qué diría mi madre de esto? Qué pasaría si esto otro? No es tan atractivo como piensa, no es aquello...

Lo anterior son variables, putas variables. Pero la única constante es que, independientemente de la forma, nunca llegas a nada cuando la noche es un castigo y tu mente la prisión.

El no poder dormir es una forma cara de no-ser.

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