Bienvenidos a Bordo

Ante el vacío nosotros tomamos los riesgos, padecemos implacable el placer para sufrir o reír, con suerte ambas. Somos quienes pretenden el peligro domar y la belleza emancipar del devenir. Aquí estamos, somos los amantes y hacemos el amor posible.

Reversible


Las cosas se han salido de control: primero piensas en un rumbo e intentas seguirlo; te aferras a la idea y cuando menos te lo esperas, la situación que se presenta, sin avisar, te abofetea tan sonoramente, que sólo eres capaz de escuchar el eco por un largo rato.

Se te durmieron las puntas de los dedos y los labios, y aún así, puedes ver en la oscuridad el fuego que producen tus caricias, tanto como las llamaradas de tus besos. No te importa si es de día o de noche; si hace calor, frío o llueve, pero extrañamente observas con atención las partículas de polvo que flotan a un ritmo lento dentro de un rayo de luz y crees, de verdad, que cada gota de agua que compone este aguacero, viajó un sinfín de kilómetros sólo para convertirse en la sábana perfecta: la que atempera los cuerpos apenas rozando.

Cualquier malestar desaparece mientras experimentas las subidas y bajadas de la montaña rusa en la que te acabas de montar, donde los vértigos sólo conducen al placer y culminan con los mejores aterrizajes flotantes. Te cuesta un trabajo enorme darte cuenta de que no duermes y no estás soñando, porque los espacios, los objetos y las personas a tu alrededor se mueven a velocidades difíciles de descifrar. El hambre, la sed, el cansancio y el dolor se acomodaron en un rincón de tu mente donde reposan plácidos, sin hacerse presentes.

Los sonidos cobran de pronto una importancia inusitada: alcanzas a percibir todas las superposiciones auditivas del ambiente; del ruido, de las voces, de los secretos al oído, de las risitas suaves, de las respiraciones aceleradas, de la guturalidad profunda, de dos lenguas que se exploran, de las palmas de las manos cuando se encuentran con la ropa o la piel, del crujir de los muebles o el cabello cuando se revuelve.

El mareo es tal que llega un punto donde no sientes el suelo que te detiene, y tus reacciones son tan torpes como gráciles: recuerdas cuando te animaste a aprender a volar. Arriba es abajo; cerrar los ojos es abrir el adentro y el afuera al mismo tiempo: como relámpagos distingues luces de los colores que jamás vas a poder poner en un papel.

El silencio te sabe delicioso: espacio amplio donde felizmente se alborotan en remolino todos tus pensamientos…pero la fuerza centrífuga provoca que a veces las palabras salgan como torrentes anárquicos. Algunas de ellas no son capaces de ver su propio filo y desgarran, hieren o simplemente despiertan miedos olvidados. Es casi imposible medir el impacto que van a causar, pero aún así, no te arrepientes de la ruta que tomaron para salir de tu boca, haciendo la escala obligatoria en el corazón primero, y en el resto de las vísceras después.

Así que, cuando llegaste en piloto automático a tu cama pensando que ibas a dormir, descubres que esas pequeñas palabritas se empiezan a asentar en los bordes ásperos de la razón y encajan perfectamente en la lógica de las relaciones humanas: no tienen sentido, no llevan a ningún lado, no puede ser que se hayan salido de aquella espiral vertiginosa; para qué lo hiciste, arruinaste el momento, eso nunca se debe decir tan pronto, probablemente constituyen una mentira…..etc.

Ahí es cuando empieza el proceso de volver a la normalidad, cuando poco a poco el adentro que estaba afuera, lentamente se enrosca en sí mismo hasta esconderse otra vez: arde, molesta, inquieta y causa escalofríos mezclados con el máximo desazón y un poco de tristeza.

A la vista de todos, el adentro desapareció y, aunque obviamente tú sabes de su existencia (que es la tuya), la vida misma se va a encargar de ir equilibrando fuerzas entre lo visible y lo invisible. Mientras, violentamente, da paso a las demás preguntas que van a taladrar tu ánimo por un tiempo: somos reversibles, pero cuántos; quiénes; cómo y cuándo son capaces de desdoblarse, aunque sea un segundo, para brindar sin reservas absolutamente todo lo que los conforma?

Mar Austral


Los mares de arena nos someten a las vejaciones propias de los viajantes. Largas distancias hemos sufrido, no las suficientes. La razón tuvo su época y las épocas ligeras para el viento han sido, como los ídolos que hemos visto, muertos, a la orilla del camino. La obra de los hombres hemos pasado rumbo al Mar Austral, condenados por deseos, traicionados por las esperanzas.

Apenas hay comida, unas cuantas formas de vivir ya cocinadas y algunos litros del agua de la vanidad. A veces pienso en las estrellas, pienso en seguir su camino a través del cielo. No hay cuerpos, no hay estrellas. Navegamos con la gracia de nuestro violentado amor propio como aguardiente, a veces peor que la plaga que constriñe nuestras uñas sobre la piel.

No hay gloria en esto, en su disciplina por las cosas las aves nos han abandonado. La tormenta se reúne, otro día para vivir la muerte. De todas las artes creadas por los hombres vivir mal es la única superviviente.

Mi cuento vaquero.


Old fashioned cowboy

Good God’s rain is crashing on my window.
Ordinary tiredness has trapped me again,
I remember those lonely eyes:
Those lonely eyes of yours, I remember.

I fall asleep in the middle of a new born ocean.
-Keep facing you were in love with her-
That last time I didn’t want to leave, but…I felt defeated.
Now, I embrace my loss.

I understood my error by looking at her profoundly.
I never had a chance, right?

Even so, will I see you again, cowboy?
(sobs)

-Sweet fate! We share these pending tears- I crooned.
I can’t be repaired; these tears had rolled over generations.
Invisible teardrops, a brave posture, unsatisfied love, and…
...an old fashioned cowboy look, that’s all I needed and all I gave you
” He says.

This black room preserves past conversations,
Love declarations, fierce discussions…
It's just another night at home, but darker than ever.
The darkest night of our lives, papa” I murmur, finally awoke.
(No response)

I leave now papa’s empty room. Doesn't fit me anymore.
Invisible teardrops, a brave posture, unsatisfied love and
an old fashioned cowboy look. I have all I need.
(Rain ceased)

Descripciones insomnes.


Cascadas de estrellas. Y todos paseamos…soñamos. Dormidos y despiertos. Inmaculados de nosotros mismos e inspirados en nuestros pasos felinos. Cuando la noche, transforma a las calles en los dominios de nuestros espíritus insomnes. Desesperante el eco de afuera. Esporádicamente, entran vehículos con sus cantos que los hacen sentir articulados. Voces femeninas y masculinas de un momento a otro. Esos monstruos desconocidos que nunca dejan un saludo, pasan de largo y los buscamos ansiosamente para revelar su identidad. No están. Pasa el tiempo y nos desconcentramos, caemos debajo de las telas y trazamos inquietudes mientras nos despojamos del alimento esencial. Viajamos nos observa callada y atenta la demencia. Extrañamos… extrañamente extrañamos. Tan intensamente. Insanamente. El reloj cae persuadido por la gravedad, nunca quiso rendirse pero mis manías son más fuertes. Dándose cuenta ese reloj, que ha estado congelado hace meses. Sus pobres manecillas llenas de polvo y miedo. Despojado de toda rareza cinemática. Pero, ¿acaso también se detuvo el avance de lo causal? Vencido, el tiempo se reanima y asesta un golpe sorpresivo, capaz de fracturar una dimensión. Y le deja tremendo dolor que se reflejó en forma de luz, una luz más forzada que mis intentos por nadar en mi lecho calido y llegar hasta la profundidad de un sueño acolchado. Sueño donde te veré, ¿oh claridad! Mirada, inspiradora y fulgurante fragancia. Sí, justo ahí estará. Liberador de astillas, cúspide de mi dolor, vector inocuo, casi mió. Mis manos de cera se desploman. Veo que los lagrimales de la luna están averiados. Sufre por las constelaciones lejanas y por la gente que pasa sin notarle. ¿Y eso que se condensa en el horizonte? No atiende señales el sonido que al vació, no se escucha. Sigue de largo igual que los nombres que el mar se guarda. Enorme confidente, y tan transparente y delimitado.Y a mi se me cae la pluma con la que escribo. Se la lleva la desesperanza al momento que desciende por mis instintos. No así, Perséfone que de mi reino escape y de regreso el camino marque. Y Terpsícore que de mi encanta, y la claridad guarda como tesoro irrefutable. Tal necedad la mía. No como si la noche se retardara y se abrieran sus campos oscuros. Tanto como la oscuridad en la que escribo en este momento (ahora a lápiz) y que me cuenta tantas cosa, de todos aspectos, unas figuras que abundan mi jaqueca como lucecitas vagas y perceptiblemente tontas. Comienza el rescate de mi pluma, motivado por el poder de las musas.Desconfía, desconfía. Que los amores no vienen a complacer al estertor de un desalmado partidario del deseo. Controversial unas noches y característico en otras. Pero inexorablemente solo. No le da espacio al recorrer las calles y sus rúbricas. Con su mosquitos por doquier para terminar en el temperamento callado. No obstante, espinoso, como defensa instintiva y mordaz. Empero el avance…el avance se estropea. Y es que desconfía. Desconfió. Desconfiamos. Apaga mi voz aquel toque de la lluvia. Ah insomnio como me seduces! Tus influjos bizantinos de pronto me llegan tan profundos. Y me llega la hora en que todo parece tan luminoso. Le digo a la mañana que se me acerca vehemente que se aleje. O quiero verle ahora. Mi tiempo-madrugada-oscuridad se ve mermado así, ¡me niego!El beso trágico del amanecer que nunca ha de faltar a la cita. Sin embargo, impuntual amanecer. Y la constante es la soledad en indiscreción. Me abrazo pues de mi sonrisa…tierna locura.
V.

Soy tu raptor, nada te faltará

El raptor es mi pastor, nada me faltará. En lugares delicados, besos me hará descansar.

¡Hijo de tu...!

Caradura

A deshoras.


Sí…
…Cuando ya veo caras en la pared. Caras que no conozco y que me llaman a unirme con ellas. A colocar mi cara en el muro blanco… ¿Que representan?
¿Por que el corazón punza? Las visiones de los rostros se amplifican. Ahora desarrollaron un idioma. Se hicieron de mis conocimientos y les di un poco de mi, sin notarlo. Conocen mi debilidad, la muerden y se mofan. Se dan cuenta que duele y no cesan. Observan que sangra y no la dejan.
Me dicen que mi alma es espacial y la derriten. ¿Escaparme? ¿A donde? Las paredes que parecen seguirme…
Me dicen que calme mi instinto. ¿Instinto? Aplastante realidad en la distancia…

Sí…
…cuando soy el forajido de los sueños. Constantes autoengaños y malicia. Mientras que mi magia se va consumiendo y mi riqueza valiendo menos. Catástrofe del espíritu forzado que mi espada no pudo defender. -¿Ahora como estas?
Si las paredes hablaran… ¿Como estoy?

Sí…
…Cierro los ojos y lo que ahora humedece mis labios es la melancolía materializada. Olvidar y recordar como actividad única del tiempo…tiempo muerto. Soy tan optimista y puedo reír, sólo por hoy, el camino tendrá su oportunidad de cobrar esa risa, más temprano que tarde…más vale.

Sí…
…han pasado treinta minutos…no quiero saber ya cuanto tiempo falta. ¿A que sabe la verdadera locura y la desesperación? ¿Como tragarse una roca? Un maldito nudo en la garganta.
¿Debe ser así? Le doy una patada a mi metáfora de vida y golpea justo en la pared con las caras que se ríen sin control. Ideas por los aires como mi confianza. ¿Rendición? Eso no sirve.

Sí…
…Observo desde mi ventana el movimiento habitual. ¿Por que es tan lento ahora? ¿Acaso nadie afuera siente? El viento se acerca a mí y se congela en mis ojos cansados. Me dice algo al oído que apaga la música, no obstante, ya no le creo. Llora el viento y duele tanto. Ojala tuviese mas píldoras de felicidad, se las daría. Pero tengo mi sonata en D menor, mi salvación. Observo…
… madrugadas que se van, como la de hoy, helada. Mi café a la mitad. Mi rostro mojado por la verdadera mentira del viento y el abrazo de la nada que se compadece de algo que no existe.

Hacemos el amor posible. Aves.

Carmela, la dura.



Noche de intriga con tanto belén.
Las pistas que deja mi negro: las leo.
Cuando el sueño no reparo,
Temo ha callao el bembé.

Salgo del gao al tanteo,
“¡Ay mi santo, qué mi negro anda quimbao!
Me voy a botella: pa’ cacharlo en ascuas” me digo.
“Que nos miremos mi santo,
Dime dónde me espera mi bembón embalao

Mi negro se fue de rumba al Europa,
Anda forrao de fula de tío,
“¡Ay mi santo, qué tendrá mi chulo
Que se ve tan partío!”

-Mi negro chulo. Vamos pal gao, que nos espera la noche-

-Tú no me quires flaca, porque ando endemoniao-

-Usté es bacheche mi macho, venga pa’ la casa con su Carmela-Le achujo su beso.
¡Ay mi santo, como quiero a mi negro!

Dedicado a los perdidos.
Suya,
Lo.

Aves Muertas.


Dos aves caen, yacen tendidas entre el polvo. Sus oídos palpitan lo que su corazón debería; se comparten la mirada, se enroscan en la incapacidad de lanzar la última sentencia, transpiran la deriva, sufren el espasmo del fastidio, las semillas de la fatalidad eclosionan sus entrañas y lo gozan, apenas cinco mañanas. Aves que conocieron la vida en la jaula y la rechazaron. Humildes aves coronan la vida con su muerte, devotas, ungidas en satisfacción. Aves muertas que rechazaron la vida para conocerla en su forma, tostando alas al Sol.




Proxemia



No existe acto más invasivo y profano que un beso en la boca.

Besar con hambre, con prisa, con furia.
Besar con la excitación propia de irrumpir una casa ajena.
Y probar la cama, comer el pan de la mesa.

Besar como rugir, con el pretexto
cavernario del territorio.
Besar apropiando, gobernando.

La boca como nación, como ayuntamiento;
la única entrada para acceder
a la cueva profunda del invadido a gusto.

Sobre la ciudad.


Millones de manos, oxigeno insuficiente, pulsaciones incontrolables, memorias....
... La ciudad nos lleva, nos aleja, duele, cura.
Cuenta nuestras historias y es parte de ellas. Narra el tiempo. Encierra el destino.
Explora, tiembla, recibe a los ganados que aun explican sus sueños, los comprende, los tortura, los acoge.
Ilumina, maltrata, se asfixia, recoge los pedazos de los que en ella van, exprime el llanto de los que de ella se van.
Respira, explota, corroe, completa. Pide sólo lo que necesita y recibe más de la cuenta, tiene vida propia, se mueve a placer.
Canta, compone música que retorna, corre, emerge, se duerme.
Espera, acompaña, se marchita, se pudre, agoniza y muere. Resurge como el Fénix, evoluciona, ordena las ideas, los vientos, los sentimientos, nos escucha.
Llora, baila, se calla, se aparta, crea, moldea, destruye y vuelve a crear. Los olores, la combinación de té, café y agua. La bipolaridad del asfalto, helado como la realidad, la cadencia de sus paredes inertes.
Moja, seca, calienta y enfría, nos atrae, nos deja, nos conquista, nos da los materiales y el espacio, nos da soledad pero no nos abandona, fortifica, falsifica, dramatiza, fertiliza. Fauna citadina.
Concentra, vomita, alcanza, deshecha por la lluvia, cronometra, ríe, sueña, vuela, regresa. Se siente en las manos, comienza a repartirse por la piel, el ambiente es diferente, a veces nos deja ver, a veces no le importa, sobreprotege.
Nos hace alucinar, imaginarnos, nos golpea, nos relaja, nos desespera, enloquecemos, ensordecemos, pero crecemos, pensamos, somos.
Avisa, embriaga, nos desnuda, nos invita a entrar y quedarnos así, se entrega, incita, seduce, pervierte, nos acaricia, termina y comienza. Todo en un punto, en un momento, en un segundo, dos, tres.
Sólo pasa, sólo está, impaciente, furtiva, trémula, distante, calida, banal, creativa, sensual.
Nos pierde, nos busca. Un cielo diferente cada amanecer, nunca igual que ayer, nuevo comienzo, nueva sensación, nueva mezcla de colores, nuevo sabor, nuevos sonidos. Nos da vida, nos mata, reencarnamos en bestias, respiramos igual, la ciudad no se va, empero se ve.
Crece, grita, escribe, enferma, sangra, pero no morirá.

Candy Says - Velvet Underground



Candy says I hate the quiet places
That cause the smallest taste of what will be
Candy says I hate the big decisions
That cause endless revisions in my mind

Tripulación, les dejo esta sabia canción, además es preciosa. ¿Qué les evoca?

Pedacitos todavía al rojo vivo

No se dividir. Desde la escuela me cuesta mucho trabajo y me he dado cuenta, con los años, que dividir nunca es lo mismo que compartir: finalmente compartes algo que es tuyo, pero no necesariamente lo divides.

Hay una relación más estrecha con la dosificación: ese goteo equitativo de la misma cosa que prolonga el tiempo. Pero las dosis repartidas tienen el enorme problema de suprimir, poco a poco, los altibajos de las experiencias: la mayoría de las cosas adquieren un gusto similar y los sentidos se tornan opacos. De pronto da lo mismo hacer una cosa que otra, y es en ese momento cuando te das cuenta que no sirve de nada dividir, ni dosificar, ni contener…es más: que ni siquiera es prudente ser prudente.

Sentir con mucha fuerza y dejarse mover por ello es la multiplicación.
Es mucho más fácil flotar en medio de una corriente si se abren todas las posibilidades; si los pensamientos útiles se mezclan con los deseos, con los recuerdos, con los instantes del ahora.

Sí, en efecto: es un caos.

Una superposición móvil de varios planos, donde un pequeño sentimiento se multiplicó en millones de ideas y fue capaz de activar todos los poros de la piel en segundos, y sigue siendo capaz de producir enrojecimiento de ojos y secreciones lentas que se convierten en lágrimas.

La suma de la suma: multiplicar nos acerca a la locura, al desacuerdo, al extremo, a la creación, al movimiento…e irremediablemente a la vida.

Esta reacción en cadena muchas veces es causante del grave desequilibrio general y casi siempre es responsable de la producción de: gozo profundo; destellos de felicidad; disfrute ampliado; exaltación de las capacidades sensoriales; risa fácil y duradera; disminución palpable del sentido común; realización de acciones estúpidas y divertidas; pérdida de la agilidad mental ligada al raciocinio; dislocación de la percepción temporal de la realidad; sufrimiento interno muy inflamable; irritación simultánea de sentimientos; torrentes de pensamientos involuntarios a deshoras de la madrugada; obsesiones lírico-cinéfilo-musicales; afectaciones del entorno climático inexplicables; cuestionamientos filosóficos absurdos; propensión a creer firmemente que el mundo se va a acabar ya, etc.

No es fácil intentar vivir multiplicando en lugar de dividir sistemáticamente. Es más, el desarrollo histórico y biológico de la especie humana nos indica claramente que la división es la clave del éxito: divide y vencerás. Seguramente el antagónico ‘multiplica y perderás’ es también real.

Aunque si se trata de triunfar, en lugar de observarse con cierta curiosidad malsana las heridas que nos dejan las llamaradas producidas por la intensidad, prefiero pasar el resto de mis días sobrevolando la tierra en forma de brasas minúsculas con pedacitos todavía al rojo vivo.

Nota No. 1,537


Jueves 21 de Mayo, 2009 - Vejle, Dinamarca

Existe el momento en el que no importa la circunstancia, uno simplemente se abandona y la función de relajarse sucede.

No hay meditación que valga, es un placer sencillo en el que el espinazo de la vida parece diluirse en el subconsciente. Existe el regreso, pero no el deseo firme de volver.

Leí algo que me resultó revelador. Era algo sobre la derrota. Según lo que leí ser derrotado es una cualidad del alma para aprender y aprehender la realidad mediando la autoridad del ego. Ello permite ser uno con el objeto de estudio; una forma distinta que resulta altamente asombrosa y que deseo profundamente poner en marcha. Es algo difícil de alcanzar, supongo... Considerando que toda mi vida me han y me he enseñado a que el ego "piense".

El ego plantea una distancia donde no puede ni debe ser perturbado por su objeto de estudio, coloca una barrera de orgullo en vez de sentir el objeto, tal y como es en su entorno.
***
Detalle de una reflexión en mi bitácora de viaje. Esta en particular es una práctica que me interesa compartir con ustedes, espero puedan darme su opinión.

Soy tu tigre.


De forma soez me encontraste escupiendo mis dientes, rebuznando por mi arruinada camisa atigrada, mi favorita.Te sonreí con la soltura que los golpes me permitían. Pensé tantas cosas ¡Dios, estabas divina! Aún recuerdo tus ojos ensanchados, clavados en mi desfiguro. ¿Qué tal muñeca? Te dije con sangre en la garganta. ¡No tengas miedo, esta aún es nuestra noche! Para acercarme a tu cintura tuve que aprender a caminar, de nuevo.

¿Te lastimaron? Tienes sangre en un costado. Dijiste alarmada.

Una hoja de acero, ¡maricas! -Rugí con rabia- ¿Y sabes qué es lo peor? Esas cosas apenas se comprometen con el dolor, un corte en la carne y terminas bailando como un principiante... dolor es sentir la mirada triste de mi princesa, eso es compromiso. Anda, dame un beso... bésame que me enfrío, bésame que me muero.

Tu palma reventó el hueso de mi alma. Tus ojos llameantes en cristal perforaron en el medio de mi pecho. El segundo más largo de mi vida, el dolor más agudo de mi vida. Apenas encontré explicación.

En la clínica sentí más odio que en la entraña de mis enemigos. Esa gente no entendió que venía del quirófano, sólo necesitaba paz y menos objetos punzantes en el cuerpo... ¿Quién fuerza sus heridas para cerrarlas? Médicos, son gente enferma.

No esculpiste frase alguna de regreso a casa.

Habías caído tan cansada, te miré por horas, oculto y sumergido, un invasor encogido en tu sillón tapizado en el perverso aroma de nuestros impulsos. Te pensé por años dentro de esas horas, tu cuerpo nebuloso yacía en la cama con la gracia de la sangre que brota debajo del agua. Agua profunda y el caudal mineral de tu espíritu. Y entonces las sentencias se revelan ante mis ojos tristes: soy la piedra bruta que el caudal de tu belleza privilegia con nuevas y blandas formas. La madrugada caía de forma distinta. El único sonido ambiental que palpita son la tensa electricidad en mi quijada y el sonido de la nevera. ¿Recuerdas la nevera? Tantas veces golpeé mi cabeza con ella, parecía que tú esperabas que ocurriese, muchas veces actúe para complacerte. Complacerte. Con el continente preocupado bajé la mirada para apreciar los cortes en mi carne y las arrugas en mis manos. Complacerte es mi razón, entendí, una fuerza poderosa.

La matutina molestia roja en los telones. Apenas los abro y la curiosidad de tu mirada me recibe. Te sonrío. En mi pecho late y has puesto tu cabeza para escucharlo. Eres mi tigre. Susurras con seguridad.

Soy tu tigre y tú el consuelo de una especie que se extingue.

Tu ciencia duele.


En la cresta de la noche, miré hacia los cielos y pregunté: ¿Cómo debo amarla?. No se trata de la vida, no se trata de la energía, la extensión de los campos, el dominio del tiempo y el coraje de las estrellas, no. Todo ese resplandor es apenas un gesto de la única verdad absoluta.
La verdad entonces resplandeció en mi interior, entre mis funciones. Levantóse mi alma por sobre el cuerpo y miró lo escrito en la curva del horizonte mismo: la belleza es la máxima necesidad del Universo, que todo deba ser pintoresco y lo sea.
Turbado me volví al cuarto, te miré con el continente descompuesto. Tu reacción apenas gestionó la duda. No estabas desnuda, tus ropas apenas cubren esa fuerza, pero alcancé a entenderte de la misma forma: no se trata del arco en tu espalda y la complexión de tus latidos, ni siquiera de tu cortante piel estival. Me impregné sin miedo de tan deliciosa esencia revelada, ese es el perfume de tu unidad, el que mantiene a tu naturaleza en perfecta continuidad.

¿Qué pasa?, dijiste.

Tu ciencia duele. Reproché feliz.

Esa noche dormí sobre tu pecho, entre las frescas aguas del lazo que te une con lo absoluto.

***

Aprehender es un arte que debe labrarse con determinación y delicadeza. Las cosas que amamos debemos abordarlas no por lo que sabemos de ellas, sino por lo que podemos aprender de ellas y en el proceso de nosotros mismos. Mi humilde experiencia me ha mostrado, con violencia, que aprehender algo con un principio de exterioridad (este soy yo y esta es la cosa) termina, simplemente, aislándonos de eso que amamos, pues apreciamos las montañas de diferencias y detrás quedan los valles de su belleza, ocultos. Amen entonces pero vean aquello desde la óptica de la consonancia, permítanse aprender y dudar, la experiencia, al final, será enriquecedora para aquello y para ustedes.

África de las Heras.

Los camaradas lucen sombríos, hipnotizados por el ruido de este aparato. El aroma del aceite y nuestros pertrechos es penetrante... y es que Lubyanka nos mira con orgullo, espera que la lengua española sea la lanza en sus gargantas.
El salto llega, nuestro oficial nos mira con la severidad de un padre. Es tiempo. Me engancho para dejarme ir, así ha sido en los últimos años. Saltar. Saltos... sólo cambian los rostros, que también mueren. El fluir de la sangre ha sido más rápido que estos años, ya no me impresiona su carrera, pero apenas veo la roja flamear sobre el gris de la muerte, sonrío como niña.

Estoy cayendo, bendito suspiro. Me deslizaré entre la noche, los bosques serán mis cómplices. Meses, quizás años. Muertos y heridos, las balas nos asechan, lo veo en el brillo de la sangre. Han sido noches oscuras, apenas ese olor despierta emociones, nuestros ojos se han apagado. El sonido del aire estremece el rasgo femenino; Marko, sí... así te llamaré cuando te conozca, sé que existes; he de sobrevivir al infierno, apreso mi arma con la misma fuerza que solté mi alma. Vinnitsa, ahora soy tu hija, cuida de mí como yo de la madre patria, que mis hermanos, hijos de Iberia, puedan ver el próximo amanecer. Marko, espera a por mí.

El golpe contra el suelo ha sido terrible, pero ella sabe. Se mueve y sonríe.

***

África de las Heras, mujer forjada en hierro. Sobreviviente de todas las guerras, entregó su alma a la máquina soviética. Sirvió como profesional en México, Ucrania, URSS, Uruguay, España y otros países. Espía por naturaleza, su legado quizás no se perdió, pues la mujer valiente nunca muere.

Samara


Ocurrió en un momento de silencio, durante el desayuno. Habría vivido en aquella vieja covacha cerca de 10 años, el moho de la desesperación pretendía inteligencia en las paredes. Con la barba crecida como juego, la cadencia de mi mano se entretenía. Lo escuché entonces. Ese tímido Bip-bip. Tardé en comprender el llamado, como el silbido de los amigos y su eterna sonrisa que invitaba a jugar. Mirando al piso enjuté mi continente, la concentración fue sanguínea.

Al poco rato comencé a poner mi oído derecho sobre los muros, deslizando el cuerpo para acercarme al sonido. Dando tumbos recorrí la pequeña habitación y preguntándome a mí mismo con más y más interés. El sonido ahora era tan familiar, bip-bip decía. Al fin tropecé con la mesita que utilizaba para coleccionar las tazas sucias. Ahí estaba, en el pequeño cajón, mi directorio telefónico. Si pusiera en una balanza todas mis obras, el directorio telefónico sería la peor y la más pesada. Una masa de recuerdos, anotaciones, la muerte de mi madre, unas partituras, mis dibujos obscenos con la vecina y los números telefónicos de todas esas mujeres que utilicé o me utilizaron, las hojas desgarradas eran furia pura, atropellos y heridas sólo postergadas. Amores inconclusos, manchas incluso: sangre, semen, lágrimas, todos los fluidos de cuerpo han escrito en sus hojas. Observé intrigado sus doradas letras, DIRECTORIO, gritaban. El más duro golpe en la cabeza se sentiría orgulloso de lo que estaba por venir. El bip-bip se hizo ensordecedor y la memoria me aventó el expediente.

Hacían 10 años que había ocurrido. Ella, la mujer, se fue y con su disciplina cegada los misterios del universo quedaron irresueltos. Recurrí a mi directorio, en un arranque de furia, cuando la mucosa escurre vilmente y mancha nuestro rostro, escribí las preguntas fundamentales y junto a ellas su nombre: SAMARA. Como perro de presa corrí por la campiña, empuñando esa hoja con siete dobleces y doce puntas selladas en lágrimas. Corrí, corrí y corrí, puteando alaridos y venganzas sórdidas, exigí la muerte y corrí, sólo recuerdo el aroma a frambuesas y las escenas en túnel sacudirse. Esperé que el cielo me escupiera su nombre en mi cara, para mi sorpresa aquella hoja tomó vuelo, diáfano el cielo mostró su trayectoria con un trazo blanco y claro. Dormí entre lobos y a la noche siguiente entre mis muertos.

Abrí entonces el directorio, buscando el bip-bip. Samara me escribía poemas de entre las cuatro esquinas del tiempo y el trazo de las ocho gargantas del absoluto.

“Este es el viaje que he emprendido por ti, ha sido largo y las respuestas lo son aún más. Desde aquí arriba aprecio una obra que no tiene firma. Es irremediable. Es enorme. Es hermoso. En el péndulo del tiempo no hay juez, la sensación aquí es apacible. Encuentra en mis versos el canto que tu animal que entiende necesita, no hay máxima coronación que mirar al cielo y llorar en busca de respuestas; aprenderás que no fueron fundamentales, apenas la obertura de esta pequeña gota que contiene todo. Este es mi legado, para ti”

La suave mano de mi madre ha vuelto y su manto me cubre todas las noches, en el apacible reducto de mi soledad.


“La suma de prioridades resulta en austeridad”.
Raymundo Bolaños

La frontera celeste.


Aparezco ante la noche apretando entre las piernas el dulce aroma de las criaturas asustadas, mis componentes no se entienden, mis ojos y explicaciones se retuercen, mi cuerpo flaquea: un organismo ajeno a la armonía de este lugar, sudar podría ser un sacrilegio, una invocación a la ira del misterio y su santuario. En el mundo donde vengo la soledad es incómoda, me alcanza el alma para sonreír tímidamente.... Y es que hay algo aquí.

Camino entonces entre el valle, grillos en rededor, su trinar es tan espeso como la hierba que hasta mis rodillas insiste una y otra vez con sutiles caricias vegetales que abren sus palmas tersas de inexacta forma hasta el horizonte, es un terrible oscuro, un horizonte-muro que ofrece un patrón indivisible, nocturno, iluminado por los sutiles dedos del Sol muerto y en el mar de estrellas salinas apenas flota silenciosa la luna, único cuarto de redención tendido en lo azul y en la familia de las cosas poco comunes en el encuentro de lo cotidiano. Con placer me ahogo en el vaporoso aroma cítrico que derrama a manera de canción el cuerpo de miles de plantas, es delicioso, su alegría compuesta en las cadenas de mi sangre impulsa el discernimiento y me pinta, me integra en la belleza de esta amable fantasía.

Envuelto en mi loto contemplo el trazo, lo pienso, la firma del pulso señala el nombre del autor. Los muros oscuros y celestes son la frontera de mi paraíso, es mi hogar. La soledad aquí es cómoda, tiene explicación y su llave es el sueño, remedio caprichoso, control de inercia. Y entre la fantasía encuentro inconexo mi paisaje, pues vierto mis aguas en mares estancos, profundidad dudosa, no consiento mis deltas; defraudo siempre las bebidas de mis arenas para ahogar detractores que al son de consecuencias reflejan en lo turbio mi rostro, el regreso de la memoria, es un paisaje más extenso. Curiosidad. En mi paisaje los árboles del instinto suelen ser más altos que los de la experiencia, abandono el loto y en el arribo encuentro luces que descienden sobre las que penetran la hierba, laderas lumínicas, ¿Son otras almas?

Esta es mi noche, mi esfera guarnecida por el cuerpo. Soy los retazos de los animales que en mí duermen, la última conexión con lo sagrado de la botánica interna que expresa lo externo, pues no entiende de otro idioma. Tierra de mi carne, espera el vínculo del cimiento y la ávida voluntad para crear los extractos y las mixturas de la pasión. Proclamo la fundación y la extensión de los dominios, no hay noche más oscura que esta noche y con el frío apenas luces en el horizonte. No hay noche más hermosa que esta noche.

Despertar, hermoso privilegio. Ahora.

Mermelada. Ella es.


La mañana entra y la grasa sobre las lentes parece disipararla. Tendida con una breve expresión de pereza, recoge el cuerpo de su tendida. Y hay que involucrarse, para saber entre sus ojos, la hora del día. A las 11:00AM son unos barros dueños de las sombras del lado izquierdo; a las 5:00PM son sus manos las que tiemblan ante el café. Es un lugar público, sin el público. Presenciando los besos a las 10:42PM juro que es la libertad el fracaso de su escote. Se mira a sí misma a las 2:55AM, es el día siguiente, que fue mencionado y ahora es entre sus muslos, pegajosos. Él se despide y ella suspira, es tiempo de cerrar las puertas. Matiz de ciudad, olor a tabaco... sin filtro. Son las 7:22AM, el reloj ha cantado al son del estigma que merodea ese insufrible sueño. Es olor a huevo, toque de cebolla y aún los elásticos en el suelo, sin amarrar. Un desastre, una armonía del descanso. Cantando con el letargo, llega el medio día. Árbol cae en sombra. Sol arde en la alcoba, en sus cristales y metales. Jesucristo está muerto cerca de la cabecera y su cabeza parece lamentar que ya son las 4:32PM, tiempo de abrir las puertas. Es un ejemplo, un cabello hacia atrás lo que asoma del auto. La piel parece genuina y la sonrisa tardía. Quizá de la secundaria, quizá del medio día de hace unas semanas. El reloj y su eterno monólogo para ella, grita que son las 8:22PM. Hay que estar ahí, para saber que el cuerpo no soporta la abominación del baile. La sangre fluye alienada y los ojos abundan en tamaño. 1:21AM, todo terminó. Misma habitación, mismo balcón y el árbol ahora escurre en amarillo. Las sirenas de la ciudad persiguen al delito y un orfeón de motores se desliza en danza felina. La grasa distribuye la luz y las lágrimas se preguntan. Son las 4:34AM y el suelo pareció frío. La muerte ha pintado un retrato en el asfalto y la sangre emana de una cabeza que, harta del cielo, pensó tocar el suelo. Las lentes y su mermelada, son la óptica de los curiosos. Pedazos de una mente.
La vida se tiñe de rojo y como un susurro se derrama desde el oído. Lento de entender es el ruido del suicidio. Son las 8:10AM, la sangre se ha enfriado.

Sobre no poder dormir.


Entonces estamos así, insomnes. La cama al poco rato acalora y con un gesto agresivo sacamos las piernas, miramos el techo y nos llevamos el antebrazo a la frente. Incluso se suspira con aliento a frustración.

El no poder dormir va más allá de un estado de alerta, es un estado del alma, pues la quietud irresistiblemente tensa privilegia la meditación corrompida por los sentimientos y esas preocupaciones que con la actividad no tienen tanto valor. Las cosas pequeñas proyectan sombras enormes en el lienzo de la mente; opacan la visión de lo establecido y generan nuevos juicios, la distorsión de lo que damos por hecho comienza. Apenas acomodaste algo, un otro llegó para sustituirlo o volverlo irrelevante.

Si no piensas mucho el momento se te vuelve preocupante; de pronto estás a solas con esa persona que todo el día has evitado, tú mismo. Entonces te hablas y te haces a la idea de que hay dos personas, pero eres tú, sediento de explicaciones y te miras con ojos de curiosidad, miedo. Y de qué hablarás? Qué es lo que puedes decirte y entender? Lo lógico es que esa persona te intente explicar el alboroto emocional de la mañana, de la frustración y de la velocidad con la que estás llevando tu vida a la quiebra. Mejor aún, te comienza a brindar el postulado de esos pequeños grandes defectos que bien conoces y recluyes en la sombras que proyectas, donde no sean evidentes, de ese YO que eres tú y vive en la mente de otras personas. Te das cuenta que ahora hay tres tú. Mucho dilema, hace calor y entonces el esfuerzo por pensar en lo de mañana, fragmentos de conversaciones vienen a tu mente, sonríes por algo que pasó ayer en la cocina, sexo... sí, piensas en sexo, qué pasaría si le dijeras a esa persona... aún venderán goma de mascar sabor cola? Pero sólo haces tiempo, en aquel rincón permanecen el YO que vive en tu cabeza y el YO que vive en la cabeza de los demás. Evades y al final te hundes.

Ahora estás bocaabajo o frente al computador, haciendo técnicamente nada. Hacer nada implica mucho esfuerzo y un cosquilleo nada grato de ingratitud, la providencia te ha castigado, Dios quizás o esos dos tipos en tu cabeza, qué diría mi madre de esto? Qué pasaría si esto otro? No es tan atractivo como piensa, no es aquello...

Lo anterior son variables, putas variables. Pero la única constante es que, independientemente de la forma, nunca llegas a nada cuando la noche es un castigo y tu mente la prisión.

El no poder dormir es una forma cara de no-ser.